Cuando el aceite de un transformador se degrada, hay tres caminos: filtrarlo, regenerarlo o cambiarlo. Elegir mal cuesta dinero —de más si reemplazas aceite que aún era recuperable, o de más todavía si insistes en filtrar uno que ya perdió sus propiedades. La decisión correcta nace de las pruebas fisicoquímicas, no de la antigüedad del aceite.
El filtrado (termovacío) elimina humedad, gases y partículas del aceite. Es la opción adecuada cuando el aceite está fundamentalmente sano pero contaminado con agua o sólidos: recupera la rigidez dieléctrica sin tocar la química base. Es rápido y se puede hacer incluso con el transformador energizado en algunos casos.
La regeneración va más allá: con tierras de Fuller o procesos de adsorción, remueve los compuestos ácidos y polares producto del envejecimiento, devolviéndole al aceite propiedades cercanas a las de uno nuevo. Conviene cuando el aceite tiene acidez elevada o productos de oxidación, pero la celulosa (papel aislante) todavía está en buen estado. Es mucho más barata que reemplazar el aceite y más sostenible.
El cambio de aceite se justifica cuando el aceite está tan degradado que regenerarlo no es costo-efectivo, cuando hay contaminación severa (PCB, mezclas incompatibles) o cuando el análisis indica daño que el aceite nuevo ayudará a monitorear mejor. Es la opción más cara y genera residuo a disponer correctamente.
¿Cómo se decide? Con el análisis fisicoquímico: rigidez dieléctrica, contenido de humedad, acidez (número de neutralización), tensión interfacial, color y factor de potencia del aceite. Esos parámetros, leídos en conjunto, dicen si el aceite necesita filtrado, regeneración o reemplazo. El DGA complementa avisando si hay una falla activa que ningún tratamiento de aceite resolverá.
En TEVKO partimos del diagnóstico del aceite para recomendar la opción correcta —no la más cara por default. Filtrado, regeneración o cambio: la decisión se toma con datos, buscando extender la vida útil del activo al menor costo.
